Hay una conversación que nunca termina. Es la que empezamos en el vientre, la que continuamos entre susurros a mitad de la noche cuando el miedo apretaba, y la que hoy, a través de una pantalla o a través de la memoria, sigue latiendo con la misma fuerza.
En las historias que leerán a continuación, no hay una sola definición de "madre". Encontramos a la madre que es refugio, esa que tiene la palabra exacta para calmar la tormenta; a la madre que es memoria, cuya presencia se siente más viva que nunca en el olor del café o en un refrán que se repite sin querer; y a la madre que es resiliencia, que levantó castillos con manos cansadas pero nunca vacías.
Mirelsys Madrigal González:
Hasta los 27 años de edad era normal escuchar a mi mamá decir: "negrita, tu naciste de pie", cuando algo me salía bien o las "buenas cosas" se me daban con facilidad, pero en realidad esa manida frase que pronunciaban sus labios no era solo por el hecho de que en el argot popular son sinónimo de buen augurio
en la vida, sino porque en realidad "literalmente" el pie fue la primera parte de mi cuerpo que salió al mundo.
Hace unos días escuché por primera vez una canción de Rocío Jurado con la cual me sentí identificada, y cito un pequeño fragmento:
Algo se me fue contigo
Madre
Algo se me fue prendido
Madre
En las alas de tu alma
Madre
O en tu último suspiro
Madre
Esa eterna madrugada
Madre
Algo se me fue contigo
Madre (...)
Y creo que sí, en mi caso fue la suerte a la que tanto ella hacía referencia, la cual se esfumó con su partida de este mundo.
Entonces entení que la "llamada suerte" no era más que su incondicional amor, su desmedida preocupación, su complicidad en cada momento de mi vida.
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- Consulte además: Lo que quiero yo, madre cubana
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José Luis Alvarez Suárez:
A veces, las fechas de celebración producen el efecto contrario. Sucede por lo de la maldita circunstancia o porque ha de ser natural una ausencia particular que cierra el paso a la alegría.
A veces, o casi siempre, en esas fechas las nostalgias pesan. Serán más los llenos de dicha; seremos menos los desafortunados... ¿Quién sabe?
Mi madre está bien de salud, por suerte. Ha librado recientes batallas contra arbovirosis y, de inmediato, ha vuelto a concentrarse en las demandas del día a día.
Mi madre no tiene capital municipal ni provincial ni nacional, pero es genuinamente cubana. Hermosa y delicada flor en medio del campo. Espera y, cuando logramos la llamada, debo desmontar con paciencia la fake news que ya es casi ley en su ambiente.
Mi madre es una guerrera. Una palma real que lucha contra el tiempo, contra las tempestades que amenazan y que llegan, a veces sí, a veces no. Es una madre cubana.
Ella me quiere cerca. Yo no la quiero lejos. Pero, La Habana es La Habana, y soy progreso en la capital nacional, proveedor de esperanza para ella, la familia y nuestra casita en el campo.
Un mismo archipiélago, una misma carretera central, y ni siquiera un segundo domingo de mayo ha hecho el milagro de la unión. Habrá llamada telefónica: probablemente sí. De occidente a oriente. Desde el Cerro que tiene la llave de la gran ciudad hasta el santiaguero Contramaeste de los antiguos naranjales.
Y también habrá una fecha para el reencuentro; con viajes que serán fáciles de hacer y pagar, o probablemente no; con el mismo amor en el corazón y prosperidad en nuevas maletas.
Llegará ese día y no habrá fake news que nos impida celebrar, porque en definitiva, madres así hacen que valga la pena los sueños. “Hijo: nunca dejes de amar ni de soñar”.
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Jessica Sosa Sosa:
Este domingo, mi mapa no marca el camino a casa. Escribo estas líneas desde una provincia que no es la mía, habitando una habitación que todavía no se siente propia y mirando de reojo un calendario que me recuerda, con una insistencia casi cruel, que hoy es el Día de las Madres.
En otro tiempo, la distancia en Cuba era una cuestión de horas, hoy, esa misma geografía se ha vuelto un abismo de logística y de incertidumbres. Entre la intermitencia del combustible y esos precios del transporte que parecen diseñados para inmovilizarnos, el deseo de abrazar a mamá se ha convertido en una ecuación matemática que, este mayo, simplemente no cierra. El asfalto que nos une es ahora el mismo que nos separa, recordándonos que la crisis no solo toca el bolsillo, también intenta asfixiar los rituales de la ternura.
Estar lejos hoy significa aprender a besar a través de la estática de una llamada de WhatsApp, conformarse con ver el brillo de sus ojos en una foto de baja resolución y tratar de que la voz no se quiebre cuando ella, con esa sabiduría infinita que solo tienen las madres cubanas, te dice del otro lado: “No te preocupes "mija", que lo importante es que estés bien”.
Pero sabemos que no es verdad. Que lo importante, hoy, era estar allí. Era el olor del café compartido, las historias que parecen infinitas y la seguridad de que, en su presencia, no hay dolores ni preocupaciones.
Mañana volveré al rigor de los titulares y al análisis de la realidad nacional. Pero hoy, simplemente soy una hija que intenta acortar los kilómetros con palabras.
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Estimado(a) lector(a): Comparte también tu mensaje para mamá, comparte esa historia que la hace eterna en ti. El homenaje debe ser permanente, todos los días, por lo que no importa si tus palabras nos llegan en julio o agosto. Quedamos atentos.

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