Realmente no sabría cómo describir un espectáculo de los clásicos de la compañía Lizt Alfonso Dance Cuba, recientemente presentado en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba. Y es que Alas es tan sublime que cualquier texto no llegaría siquiera a poder hacerle honores a la magnitud de tanto arte. Repaso una y otra vez mis ideas para encontrar los vocablos correctos, pero en medio de querer redactar algo apropiado, surge la contradicción: ¿Para qué describirlo, si la mejor de las evidencias es mostrar las imágenes y que vuele entonces la imaginación de quien las observa?

Sin embargo, sí debo decir que la primera vez que se expandió Alas fue en 2006, en el Gran Teatro de La Habana. Por tanto, los actuales bailarines de la compañía tenían un enorme entusiasmo por salir a escena. Para ellos este momento representaba mucho y así me lo dijeron algunos de ellos sin poder disimular tanta emoción.

Quizás no debería referirme a que la primera jornada fue truncada por las situaciones que como país todos sufrimos a diario. Pero hay que hablar del amor con que el público reaccionó hacia los muchachos, dando vítores a la cultura cubana y repletando la sala nuevamente el martes para no solo disfrutar del excelente arte, sino que ya se trataba de una cuestión de defender lo que con tanto sacrificio se hace para mostrar lo que somos.

Entonces me quedo con las imágenes de ese martes de vuelos. Un bello espectáculo que trae alas para ser, para perpetuar, para existir, para luchar, para el feeling, para vivir, para el swing, para el compás, para volar… En definitiva, hay Alas para todos.

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